Mirar hacia otro lado o creer que mirando hacia otro lado conseguiré vivir sin dolor es un espejismo.
Nos afecta lo que vivimos y hemos vivido. Deja de afectarnos cuando dejamos de sentir. Dejamos de sentir cuando estamos muertos. Se puede morir estando en vida. Yo no he experimentado la muerte física (no puedo hablarte de ello). La muerte en vida sí la conozco y es un estado donde falta vitalidad y no se sabe vivir con plenitud y gozo. Vivir con plenitud y gozo, lejos de ser una fantasía, es un estado de gracia donde la aceptación, la gratitud y la auto responsabilidad forman parte del menú diario. Lo que vivimos nos sigue afectando y también tiene un efecto. No pretendemos evitar esto, al contario, abrazamos el sentirnos afectados, que tal y como yo lo veo, tiene que ver con abrir el Espacio de los Afectos.
La palabra Afecto viene del latín affectus y se refiere al estado emocional agradable hacia algo o alguien. Afecto es el resultado de una cosa que actúa junto a uno y lo afecta. No confundir con Efecto, el resultado de una causa que procede del interior de otra cosa.
En realidad affectus-us es una palabra de la que viene afecto y significa en latín disposición del alma.
Lo que hemos vivido en nuestra infancia genera un impacto en las células del cuerpo o, dicho de otra manera, en cómo manejaremos lo que nos vaya sucediendo en la vida. También en lo que no sucede y desearíamos. Las neuronas (células nerviosas) son altamente sensibles y van acumulando y grabando experiencias agradables y fijando las desagradables. Estas últimas incluso con más contundencia, por tener un impacto estresante que desregula fácilmente nuestros sistemas somáticos: tejidos, órganos, huesos, sangre, músculos, vísceras, transmisiones de señales eléctricas… y porque aseguran la Supervivencia. En este sentido es muy eficaz. Pongo un ejemplo. El león hambriento (amenaza) que me quería comer no fue un episodio cómodo. Este recuerdo queda eficazmente registrado en mi memoria y queda disponible para futuras ocasiones. Cuando de lejos vuelva a atisbar un león, activaré recursos (la respuesta) para ponerme a salvo y seguir viviendo.
Mirar hacia atrás para poder mirar hacia adelante es mirar adentro, profundo.
Los humanos somos una especie altamente traumatizable psicológicamente. Nos sentimos muy vulnerables frente a la amenaza. A diferencia de la especie humana de hace cien, quinientos, mil años (el león hambriento era una amenaza real), los humanos del siglo XXI vivimos amenazados por cuestiones que no ponen tanto nuestra supervivencia física en juego como un tipo de Supervivencia Emocional. Sin negar que las primeras siguen existiendo (guerra y hambre), incluso estas adquieren nuevos formatos.
A medida que la supervivencia física ha sido menos amenazada (disminución de la mortalidad infantil, aumento de la esperanza de vida, disminución de la amenaza de pasar hambre), los humanos hemos podido empezar a prestar atención a cómo nos afectan las cosas que vivimos sin tener que mirar hacia otro lado. Y al tener conciencia de cómo nos afectan las cosas que vivimos, los humanos nos hemos convertido en una especie muy vulnerable psicológicamente. Detrás de todo ello está la muerte. Tenemos miedo a morir. Sigue siendo un tabú y queda un camino largo por recorrer que nos permita hablar e incorporar este evento vital en nuestra educación y crecimiento. Nacer y morir son los dos eventos vitales más importantes. La enfermedad se integra como algo natural, cuando la muerte lo es más. Vivimos enfermos y lo aceptamos. Vivimos más tiempo pero también llegamos al momento de la muerte más enfermos. El «sistema» se encarga de hacer negocio con esta perversión donde la existencia queda manipulada y poco se puede hacer desde la des-responsabilidad personal.

Tener conciencia de todo ello no significa que sepamos qué hacer con ello.
Pareciera que al ser más conscientes, sólo por ello, estuviera implícita la solución. Y es cierto que parte de la solución viene por ahí pero no es suficiente.
Hay un tipo de conciencia más profunda que requiere tiempo, como tiempo hubo de pasar el neonato estando en el vientre de la madre y nuestra madre en su madre y su madre en su madre… para comprender que la herida se memoriza y se hereda y se pare. Así llegamos al mundo, con todo este material altamente sensible y explosivo.
Como una bomba precisa hay que ir de a poco aprendiendo a reconocerla, desenterrarla y desactivarla porque de lo contrario la amenaza nos explotará. A veces me siento afectada al ver que estas bombas explotan en los procesos de terapia donde acompaño a personas que sufren mucho. Las bombas actúan como amenazas de pura supervivencia. Amenazas emocionales de vida o muerte.
Sentir es el arte de bailar con la vida, incluso cuando la situación se vuelve difícil e insoportable.
Sabemos que en la base del trauma la experiencia se ha vuelto intolerable. Sólo queda, para seguir sobreviviendo, congelar y mirar hacia otro lado. Que se lo pregunten a los soldados regresados de las guerras donde han matado y han visto matar.
En mi consulta atiendo a pacientes que aun no viniendo del campo de batalla funcionan atrincherados y acorazados tal cual tuvieran que defenderse constantemente. Han vivido otro tipo de guerras que los mantienen en estado de alerta, estrés y confusión. Muy bloqueados y tensos. Algunos revierten la violencia hacia sí mismos.
Escribo hoy para sensibilizar. La supervivencia emocional está a la orden del día. Cuando un paciente me dice, – No es tan grave lo que he vivido en comparación con…, no lo niego. Es real. Pero ¿podemos no mirar hacia otro lado y entrar en tu historia? A lo mejor hubo en tu linaje un soldado o una soldado traumatizada que para sobrevivir tuvo que negar sus emociones y traicionar la integridad del Ser. Como el color de los ojos, también heredamos los afectos y lo no afectos. No me lo invento. Está demostrado. Hoy ya sabemos que la carga genética está influenciada por la epigenética.
Escribía al principio que nos afecta lo que vivimos. ¿Para qué enterrarlo entonces? Va a seguir ahí acompañándonos a lo largo de nuestra existencia en vida. Al morir nuestra alma seguirá viajando. No tengo base científica para lo que voy a escribir a continuación: Nuestra alma seguirá viajando afectada.





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