LA CAÍDA

por Ángeles Córdoba | SEntiRySER

Caer o no caer, tal vez esta sea la cuestión.

Pasas una vida intentando no caer. Por miedo a no volver a levantarte, por miedo a caer y hacerte daño, por miedo a recibir una reprimenda, por miedo a que te juzguen o a juzgarte, por miedo a que no haya nada o nadie para sostenerte, por miedo a perder el control.

En terapia trabajo con este concepto y propongo la experiencia de la caída para que puedas sentir la vivencia (no me alargo aquí explicando el ejercicio y sus detalles). No es fácil. Algunos pacientes no pueden caer porque esto implica soltar, aflojar, confiar y redimirse.

Si no caes, no te puedes rendir y si no te rindes puede ser que te pases toda una vida luchando. Y ya sabemos que luchar implica estar en constante tensión. Y si no, date cuenta qué le suceden a tus músculos y huesos cuando estás en el campo de batalla 24 horas 365 días 50 años.

Hablo de rendirse, no de tirar la toalla. Hablo de superar el miedo que aprieta, asfixia, angustia, estresa y enferma bajo cualquiera de los síntomas que hayas podido sentir.

¿Por qué queriendo a veces caer, no podemos? Porque el cuerpo se ha puesto en un modo automático que ya no sabe desactivarse. Es como si al llegar a casa por la noche encendieras el interruptor de la luz para cambiarte de ropa y ya no lo pudieras apagar para ir a dormir. La lámpara se queda encendida toda la noche y no puedes dormir. No puedes descansar. Sin descanso, no hay reparación, sigues en activo y aprendes (qué remedio) a vivir en un estado de hiperatención que consume la energía. Ya no puedes despertar porque te has pasado la noche en vela. La sobreactivación te lleva a un estado de agotamiento.

Se necesita mucha energía para no caer. ¿Lo deseable es no caer? Mi experiencia me dice que lo deseable es no tener que estar luchando constantemente contra los titanes inoculados en nuestra mente.

Conozco a alguien que se cayó y se hizo verdadero daño. Yo misma me he caído y me sigo cayendo cuando me pongo el traje de soldado con sus defensas sofisticadas. Me restan movimiento y energía que dejan de estar disponibles para dedicarme a lo que es importante. Pregúntate qué es lo verdaderamente importante para ti. Si lees esto es porque estás vivo en estos momentos. Si lees estas líneas sin sentirte vivo, házmelo saber. Te puedo escuchar y tender mis manos para que al caer sientas que no estás tan solo como imaginabas.

Conozco a alguien que se cayó y se lastimó. Se levantó. Pero antes estuvo un buen rato con la herida abierta. Ahí, en la herida abierta hay pistas, hay información que te puede revelar unas cuentas cosas sobre quién eres y cómo existes. Si la herida cicatriza antes de tiempo y el dolor queda dentro, seguirás sufriendo. Puedes leer mi artículo Sufrimiento, ¿te pasa a ti?

Soltar el dolor, requiere de un proceso para poder sentirlo y comprenderlo. Requiere ser valiente. No solo desde la cabeza y con el análisis de tu historia personal, también desde la comprensión somática, emocional y espiritual. Somo seres complejos y completos. Discernimos con precisión pero también nos desregulamos fácilmente. Ni lo uno ni lo otro es un problema. El problema es querer cumplir con un programa que nos instalaron y pretender vivir tu vida con el programa de otro. No funciona. Bueno, a mí no me funciona y, por lo que compruebo, a unos cuantos tampoco porque no pueden apagar el interruptor y descansar.

En terapia, puedes explorar con caer sintiéndote protegido y seguro. Porque yo te sostengo para que aprendas a poder sostenerte después. Necesitamos la experiencia de ser sostenidos, sentir que nos podemos apoyar y aflojar el cuerpo. Si esta experiencia no ha estado en tus primeros años de vida, difícilmente vas a poder tenerla disponible como adulto, ni para contigo mismo, ni para con los demás. Tal vez busques una relación que compense esta carencia y te sientas frustrado cuando no ocurre como tú crees que necesitas. Cuando la necesidad viene de la carencia se vuelve dependencia. No confundir con la necesidad sana del ser social que somos.

Descansar es una pérdida de tiempo.
En terapia muchos pacientes no quieren descansar. Lo viven de manera improductiva. Es una pérdida de tiempo y dinero, dicen. Y prefieren seguir con sus entelequias racionales tramposas. Porque lo cierto es que no pueden caer. No pueden rendirse al dolor, vacío, soledad, frustración, impotencia, vergüenza que sienten. Tal vez hayan escuchado durante mucho tiempo mensajes del tipo: – debes ser fuerte pase lo que pase, tienes que luchar, demuestra que no eres un blandengue, tienes que hacerlo solo, debes llevar una vida de éxito (dinero, status, hipoteca, pareja, hijos, profesión…).

No es fácil crecer con estos mandatos que se normalizan. Tampoco es fácil vivir luchando como respuesta adaptativa y defensiva a todo.

Conciencia en acción es mi propuesta para poder caer. No se trata de caer a una piscina sin agua. Se trata de llevar conciencia a tu cuerpo somático y emocional para darte cuenta si lo que necesitas es encender el interruptor o apagarlo.

En terapia los resultados suelen llegar de otra manera a como nos los esperábamos. Y para cada uno y cada una es diferente. Pero si lo que esperas son resultados productivos, soluciones a la carta o no toleras descansar en una sesión de terapia, entonces me atrevo a decirte que el interruptor de tu vida te funciona solo a medias y a medias vas a vivir.

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