INFORMACIÓN O COMPRENSIÓN. TRANSFORMANDO EL TRAUMA

por Ángeles Córdoba | SEntiRySER

En la era de la información tenemos acceso a una gran cantidad de datos que nos llegan de manera fragmentada, no relacionada y en cantidades que el cerebro humano no es capaz de procesar; además, muchas veces éstos resultan contradictorios y nos desbordan.

Esta forma de aproximación al conocimiento es propia de la visión cartesiana y analítica, predominantes en la actualidad; es descriptiva y domina en las sociedades urbanas de todo el planeta. Se expresa en la forma en que se enseña en las escuelas: la teoría separada de la práctica, las ciencias separadas de las letras, etc.

Sin embargo, en el pasado, en la edad antigua, el conocimiento pasaba por una comprensión global de los fenómenos. Se planteaba desde una visión integradora, al igual que la de los hombres del renacimiento que eran a la vez filósofos, matemáticos, astrónomos, médicos y sacerdotes. Muchos de nuestros mayores, que han aprendido en la escuela de la vida, tienen ese conocimiento profundo de las cosas, una sabiduría que no se adquiere estudiando en la escuela.

La aproximación al conocimiento debería ser, a la vez, desde lo analítico y lo analógico; nos debería permitir acercarnos al mismo tiempo al detalle y al contexto. Información y comprensión deberían convivir a la par”.

[Texto extraído de Alimento para el cuerpo y el espíritu, Elena Corrales, 2017]

En Terapia

Hasta aquí una breve introducción para saltar a un escenario terapéutico donde recibo y acompaño a personas que llegan con mucha información en sus cabezas y poca comprensión de la misma. Y esto es, no digo puede ser, un problema.

Y es un problema porque cuando la información y el conocimiento están separados de la comprensión se produce una disociación entre lo que pienso o, creo que pienso, y lo que siento.

El o la paciente llega en un estado, expresado a través del cuerpo, que revela algo de la información que cree saber de su historia de vida, o de algún fragmento, etapa, capítulo de su vida. En terapia, tal y como yo lo he integrado, como psicoterapeuta y paciente de mi propio proceso personal, necesitamos comprender qué ocurrió.
Saber no es lo mismo que comprender. Muchos pacientes quieren saber porqué sucedió aquello que les arruinó la vida, o porqué mamá no se separó de su marido si la maltrataba o porqué el tío abusó de la hermana o porque sus padres no le regalaban nada en su cumpleaños o porque la pareja al separarse ya está con otro/a, porqué, porqué, porqué…

Si nos centramos en intentar resolver estas preguntas, nos vamos a alejar del núcleo del ser sintiente. El paciente cuando siente dolor y para evitar seguir sintiendo este sufrimiento, agonía, desesperación, angustia, frustración, bloqueo, carencia, inseguridad, miedo, rabia, apatía, desolación, desesperanza… entierra lo que ha sentido de la experiencia vivida y lo lleva a un nivel intelectual cuando todavía hay memoria del suceso (en algunos traumas la memoria se encarga de olvidar la vivencia por ser demasiado intolerable e insoportable).
Este nivel intelectual con estrategias defensivas (generalización, distorsión, mentalización, negación, desresponsabilización) desconectan a la persona de lo que realmente sintió. Y desde ahí, no hay espacio para comprender. Todo queda en un hatillo de informaciones de lo más variopintas y técnicas.

Si nuestro cuerpo es nuestra casa y un día fue abusado, no reconocido, explotado o desatendido, entonces, ¿cómo poder vivir en casa? Se debe poner mucha energía para vivir fuera del hogar. Atiendo a muchos pacientes “sin hogar”. Sin techo, pero también sin suelo. Les da miedo ir a casa porque no es un lugar seguro. Porque allí, se produjeron las injurias, lesiones y atentados a la dignidad del Ser.
Es por todo ello que trabajo desde y con el cuerpo. El mío propio, en presencia, y en relación con el tuyo, con tu cuerpo somático.

¿Quiere decir que no hay conversación? No. Sí hay conversación en el proceso de terapia. Pero la palabra está al servicio de lo que se está sintiendo. De lo contrario, se produce la desconexión. Es como creer que puedo abrir la boca sin mover la mandíbula. Todo el cuerpo está conectado. Todas las partes del cuerpo forman un todo. Y ese todo está interrelacionado. También con el otro y la otra.


RESUMIENDO

Una terapia donde la narrativa del paciente no se asienta en la comprensión experiencial desde el cuerpo sentido está abocada a reforzar la estructura mental y reforzará la defensa que lo desconecta y aísla, dejándolo sumido en un falso self.

El reto es: ¿cómo recuperar el control sobre los restos de los traumas del pasado y volver a adueñarnos de nuestra propia vida y nuestro cuerpo sentido? (tal y cómo lo plantea Bessel Van Der Kolk, M.D. en su libro El cuerpo lleva la cuenta). Las conversaciones, la comprensión y las conexiones humanas ayudan, y los fármacos pueden calmar los sistemas de alarma hiperactivos. Pero también las huellas del pasado pueden transformarse teniendo experiencias físicas que contradigan directamente la impotencia, la rabia y el colapso que forman parte de la herida, recuperando la autorregulación. Personalmente no creo que haya un tratamiento predilecto porque no hay un único enfoque que sirva para todo el mundo. Yo practico todas las formas que describo en mi página web y por las que he transitado en mi propio proceso. Cada una de ellas puede producir un cambio profundo dependiendo de la naturaleza del problema en cuestión, y la constitución y condición de la persona.

En el espacio de terapia que cocreo contigo vamos a hablar, meditar, jugar, dibujar, mirarnos en silencio, descansar, movernos, gritar, llorar, tocar, hacer con sentido, habitar tu cuerpo. Si esto te ayuda y te da sentido, se bienvenido a SENTIR y SER.

0 comentarios

Enviar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

También te pueda interesar: