CUANDO NO SÉ LO QUE SIENTO

por Ángeles Córdoba | SEntiRySER


Cuando en consulta pregunto a un paciente:
– ¿Qué sientes? y responde: – No lo sé,
puede estar sucediendo algo significativo que requiere ser explorado.

Desde mi experiencia como psicoterapeuta, hoy escribo sobre esta circunstancia que ocurre muy a menudo en el espacio terapéutico donde acompaño a los pacientes que acuden con el deseo inicial de sentirse mejor.
Pero ¿qué significa en realidad “sentirse mejor”?
Según el Dr. Gabor Maté, médico especializado en el estudio y tratamiento de las adicciones, las experiencias tempranas en la infancia y el trauma:

Trauma is the key to everything and the essence of trauma is disconnection from the self on the emotional level.
That’s why people don’t know how they feel. They disconnect from their bodies. That’s the first point about the disconnect from the self.


Así pues, el trauma es la clave de todo y la esencia del trauma es la desconexión del yo a nivel emocional. Por eso la gente no sabe cómo se siente. Se desconectan de sus cuerpos. Ese es el primer punto sobre la desconexión del Ser.

Algunos pacientes tienen la esperanza de que sea el psicoterapeuta, el experto, el que les diga lo que les pasa. Y aunque esto tiene cierto sentido, -recordemos que el cliente/paciente llega a terapia desesperado o frustrado, entre otros muchos estados-, se les hace necesario a los pacientes saber qué les ocurre y si no lo saben, que seamos los acreditados y expertos en la materia, los que les demos la clave del problema para, más tarde, resolverlo.

Pero no funciona así.

El trabajo del terapeuta, como yo lo abordo, tiene que ver con acompañar a la persona para que pueda sentir lo que ha dejado de sentir por tratarse de algo demasiado doloroso. Este mecanismo disociativo que permitió en su día asegurar la continuidad de la vida y sobrevivir, les sumerge en un estado de inconsciencia y desconexión que no ayuda a la resolución del problema.
Por lo tanto, hace falta darse cuenta del problema y sentir la herida que originó el trauma o la situación estresante que persiste, aunque hayan hecho grandes esfuerzos por dejarla arrinconada en algún lugar de sus casas.
Cuando un paciente contesta a la pregunta ¿Qué sientes? con un ¡No lo sé!, la pregunta en cuestión deja de ser pertinente. Si como terapeuta te sientes fastidiado o frustrado porque tu paciente no te colabora, el problema es tuyo. Y es que el paciente en una primera instancia no lo sabe. Se ha desentrenado de su sentir. Se ha roto algún tipo de eslabón y necesita reaprender y ponerse en contacto con el espacio de sensaciones a través del cuerpo, la vía de entrada del sentir. Mucho más fiable este, el cuerpo, que el espacio mental con sus estrategias racionales e intelectuales disociativas y fragmentadas.
Entrar a sentir (la respiración, las tensiones, la temperatura, un cosquilleo, un ruido externo, un bostezo, un picor, un pinchazo…) entrena nuestro estado perceptivo y sensitivo y nos da pistas de los lugares somáticos cómodos e incómodos, estados de cierto placer o displacer, en su extremo, dolor.
Al sentir estos estados y escucharlos, permitimos recuperar la conexión (aquella que se perdió/rompió en un momento dado, precisamente para no sentir el displacer) de a poco y de forma gradual.

Un ejemplo. Si muevo mi brazo haciéndolo girar hacia adelante en círculos amplios puedo sentir, a lo mejor, un leve malestar en el hombro que me genera tensión y limita el movimiento. ¿Qué hago? Dejo de moverlo para evitar el posible dolor. Tiene sentido, parece. Pero a la larga, prescindiré de ese movimiento que irá restringiendo mi capacidad de expresión y bienestar. Los brazos existen para poder moverlos, así como el resto del cuerpo.

Nos queremos sentir mejor, decía al principio. Pero para poder llegar a sentirnos mejor, hay que poder sentir y, por lo tanto, conectarnos con el sentir. Sentir el olor de un rosa, el aroma del café recién hecho y también la infección de una herida que supura. Esto último es incómodo, pero a todas luces, necesario para curar la herida y tal vez comprender lo que ha producido la herida que precisa ser atendida. Si desatiendes, descuidas. Se convierte en un patrón, una manera de funcionar en la vida, aparentemente eficaz. Vendría a ser algo así como decir: “no estoy mal”, que es diferente a decir, “me siento bien”.

Hablo metafóricamente, ¿cierto?, pero también literalmente. Si no sacamos la basura de casa y dejamos que se acumule, no desearemos vivir en nuestra propia casa. Y de igual manera, si no toleramos un contenedor que recoja la basura tampoco podremos conocer nuestros desechos. Por lo tanto, te propongo que no te deshagas de todo y hagas ver como si todo estuviera bien en tu vida (conducta evitativa), ni tampoco acumules la mierda esperando que alguien la recoja por ti (conducta evitativa encubierta). En cualquier caso, ninguna de estas opciones fomenta la auto responsabilidad.

Sentir dolor es intrínseco a estar vivo. De pequeños somos dependientes de nuestros cuidadores. Esto es, no disponemos todavía de recursos propios. El adulto, en cambio, se caracteriza por disponer de estos recursos, mentales y emocionales, que en el mejor de los casos ha ido adquiriendo desde las experiencias de aprendizaje sanas. Sabemos que no siempre es así, por lo que se hace necesario una revisión de estas experiencias y aprender a generar nuevas experiencias de regulación. El terapeuta ayuda en la relación de díada, entre terapeuta y paciente, a construir nuevas experiencias donde sentir la seguridad y el apoyo que pudo estar ausente, para poder sentir y tolerar el dolor como camino de curación. Entrar en la herida es entrar en la propia vida.


Estar totalmente vivo significa respirar profundamente, moverse libremente y sentir plenamente.


Entonces, cómo sería si te preguntara -¿qué sentirías si te atrevieras a sentir?
Tómate un minuto.
Tal vez sigas pensando que no sabes. O, sintiendo que no sientes.
Qué tal si pruebas a mover tu dedo índice y buscas que toque tu pecho. Observa qué ocurre. Antes de decir: -¡nada, no ocurre nada!, pruébalo.

Gracias por atreverte a tocar tu corazón.

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