LA MUJER, EL HOMBRE Y EL NIÑO. EN TERAPIA

por Ángeles Córdoba | SEntiRySER


La mujer de ojos sin color se atrevió a mirarSe y descubrió que no había nada afuera.
El hombre de ojos vacíos descubrió que la mujer era ciega.
El niño se tropezó con la mujer ciega.
La mujer experimentó una sensación nueva con el tropiezo del niño que no sabía reconocer en su repertorio de sensaciones.
El hombre le susurró que no tuviera miedo y delicadamente tomó de la mano al niño inquieto, para alejar sólo un poco su cuerpo del de la mujer.
Mujer, hombre y niño se dispusieron a caminar juntos. Ella lo sentía, él lo sabía, el niño los seguía.
Un pájaro se percató y decidió acompañarlos con su vuelo. Con sus alas en movimiento movía el aire del cielo que les llegaba como una brisa que calmaba sus corazones agitados.

Esta sería la historia de cuatro almas migratorias que coinciden en uno de los capítulos de sus vidas.
No se han buscado, pero se han encontrado. Y eso es suficiente.
Pareciera que caminan solos. La realidad, si la realidad existe, es que caminan juntos. Todavía no lo saben porque no se dan cuenta del hilo que les mantiene unidos en esta expedición.

Soledad: estado de aislamiento en el cual un individuo se encuentra solo, sin acompañamiento de una persona o animal.
Solitud: carencia de compañía o lugar desierto.

En Terapia hay personas que expresan estar solas. Pero en el proceso vamos viendo que no es tanto que estén solas como que se sienten solas, atravesando un desierto de aislamiento.
A esto algunos lo llaman crisis, desesperación, aburrimiento, depresión, angustia, locura, abatimiento, alcoholismo, bulimia, despersonalización, por tu culpa, por la mía, no quiero salir de casa, me empastillo, me voy de tiendas, me coloco, salgo a pasear mi queja, me cago en todo, ¿por qué no te quedas conmigo?

La mujer ciega decidió un día que no quería seguir viendo porque le era insoportable lo que sus ojos percibían. Y pactó consigo misma no seguir vi-viendo.
El hombre de ojos vacíos se exasperó con tanta vacuidad en lo que él llamaba la sociedad. Y como no deseaba ser resiliente, dejó de comulgar con los protocolos del sistema.
El niño nervioso buscaba a alguien que lo tomara en brazos. Tan sólo eso. Pero claro, ya no era un bebé y estaba condenado a descorazonarse.

Encontramos maneras (mecanismos de defensa para sobrevivir) de calmar la insoportable gravedad del ser que nos amenaza. Y tomamos decisiones inconscientes para dejar de Sentir. Es una muerte en vida más o menos maquillada, camuflada y edulcorada.

En Terapia abro un espacio para:

· Des-maquillarte | Te aseguro que no te verás lindo/a al principio. Tanto tiempo usando el mismo maquillaje que olvidaste que existe el color natural de tu cara.

· Des-camuflarte | Desprenderse del camuflaje. De entrada da terror. No te reconocerás en una primera instancia y los demás tampoco. Pero solo desnudándote vas a poder encontrarte.

· Des-edulcorarte | Algunos no lo comprenden y pasan del endulzamiento al amargamiento. Se precisa esperanza y confianza para seguir adelante.

Desenmascararse requiere valentía y lealtad hacia uno mismo/a.

Si miras al cielo siempre va a ver un pájaro atento a tu Alma.
Para cuidarte, acompañarte a desplegar tus alas y dejar de sentirte solo/a.

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